-¿Cuándo se va a convertir la Bestia en un Príncipe?
y ella me contestó:
-Dejalo así nomás, porque cuando se convierte en Príncipe, ¡tiene una cara de pelotudo!
Había una vez (y hay ahora) una niña hermosa llamada Felicitas, que con inmensa sabiduría, ternura y risas, me enseñó que la vida es bella y el mundo es hermoso, y me llevó de la mano hacia la luz, con destino a la felicidad.
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